Ortega como parte de su campaña electorera, divulgo el otorgamiento del bono solidario, en un acto proselitista ya acostumbrado hacer de su parte en la denominada plaza del fraude, el primero de Mayo de 2010. Como parte de lo anterior, diversos funcionarios públicos entre ellos: profesores, médicos, policías, militares y trabajadores del poder judicial con menores ingresos, han venido recibiendo dicho bono como forma de amortiguar la economía de los hogares, esto último según el gobierno.
Como resultado de lo anterior, medios afines a la administración, denominados turbas con micrófono, han anunciado la existencia del bono, como la solución a los problemas económicos que afrontamos los nicaragüenses día a día con el fiasco de administración pública que por desgracia tenemos.
El llamado bono solidario, es otra de la farsa que el gobierno se ha inventado en su afán de lograr según él multitud, sin importarle para lograr su cometido, el tener que jugar con la necesidad del pueblo, de ese pueblo del que tanto los Orteguistas se llenan la boca mencionarlo en sus discursos.
El bono solidario es un engaño en equivalencia al valor que ostentan hoy en día los productos de la canasta básica, pues el mismo se reduce a lo más mínimo en las manos de los que lo adquieren, tras pretender estos adquirir los productos básicos para su consumo, pues al fin, lo dado en bono nos he restado a todos los nicaragüenses con el alto costo que día a día van teniendo dichos bienes alimenticios así como el de los combustibles.
Juegan con la necesidad del pueblo, porque en vez de entregar dicho bono, debieran más bien reducir los precios de los productos de la canasta básica, así como el de los combustibles que semana a semana suben, sin que se tome con esto una medida clara y contundente que lleve consigo frenar las alzas y disminuir los precios.
Si bien es cierto, en tiempos de los liberales nunca se acostumbró a otorgar dicho bono a los empleados públicos de nuestro país, pero así mismo es cierto que en tiempos de los liberales nunca vivimos las alzas astronómicas que en los productos de la canasta básica en la actualidad vivimos con el fiasco de administración que nos mal gobierna, basta para recordar lo anterior, que nos remitamos al precio que hoy en día tiene el aceite con relación al que poseía antes. Hoy este producto tiene un valor de cuarenta córdobas el litro, en aquellos tiempos, es decir en décadas de los liberales, dicho producto tenía un costo de apenas doce córdobas y así sucesivamente cada bien perecedero.
También es cierto que estamos recién salido de una crisis mundial que afectó a países tercermundistas como el nuestro y que así mismo, mundialmente se estuvo viviendo una crisis de sequilla en la siembra que provoco la escases de los productos, pero a su vez es cierto que ambas crisis hasta la fecha ya fueron superadas y que por tanto no hay modo de querer justificar las alzas que hoy tienen los perecedero, además como muy bien dice el Lic. Edmundo Jarquín: el fin no justifica los medios.
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